Inteligencia artificial, nuestro siguiente paso evolutivo

 In Transformación digital

Seguramente en algún momento habréis leído o escuchado (cada vez menos, por suerte) que en unos años o siglos o generaciones, el ser humano tendrá la cabeza más grande, habrá perdido definitivamente las muelas del juicio o ya no dispondrá de dedo meñique en los pies…

En muchas ocasiones se ha confundido la evolución natural que postuló Darwin con el adaptacionismo evolutivo que proclamaba erróneamente Lamarck, donde una especie, a fuerza de realizar constantemente “algo” con un órgano en particular, era llevada a evolucionar físicamente desarrollando ese órgano, o en su defecto subdesarrollándolo o perdiendo otros que generación tras generación no eran usados…

Desde hace ya muchas décadas está aceptado y científicamente probado que el modelo evolutivo que nos ha creado, es adaptativo de manera indirecta y casual, como explicaba Darwin. Es decir, las especies evolucionan en su morfología y capacidades a causa de mutaciones (estamos en un planeta bañado por radiaciones); si estas mutaciones, casualmente, ofrecen al individuo una ventaja competitiva respecto a sus congéneres este individuo progresará mejor, será más fuerte y podrá reproducirse más y mejor, traspasando a su descendencia esa ventaja competitiva, imponiendo esa morfología o capacidad ventajosa hasta “cambiar” la especie.

Obviamente hay mutaciones que no ofrecen ventajas o que incluso provocan desventajas. Obvia decir que tales mutaciones no cuajan a la hora de definir una especie. Hasta aquí, todo bien, ¿no? Entonces, todos aquellos que pregonaban que si el ser humano del siglo XXX sería así o asá, ¿tenían razón? La respuesta es no. El ser humano ya no se rige por las normas darwinianas de la evolución natural de las especies. ¿Desde cuándo? Desde que su inteligencia fue capaz de proporcionarle adaptaciones competitivas. Nuestra inteligencia frena nuestra evolución natural.

La inteligencia humana significa nuestro estancamiento morfológico en el proceso de evolución natural de las especies.

Si hace frío nos ponemos pieles de nuestra caza o un abrigo de plumón de las rebajas, si los frutos están inaccesibles fabricamos herramientas para acceder a ellos o llegamos a la conclusión de que podemos plantar nuestras cosechas… y así con casi todo…

No morimos como especie si cambia la climatología o aparece una amenaza, inventamos estrategias o tecnología que nos ayudan a adaptar el medio a nosotros.

La buena alimentación, la medicina, la investigación podrá hacer que seamos algo más altos, más fuertes, que suframos menos enfermedades y que “mejoremos” como especie respecto a nuestros ancestros de hace un millón de años… pero no perdamos de vista que eso ya no será “evolución natural”, será la mejora que vendrá marcada por nuestra investigación y que, incluso, tendrá objetivos y voluntariedades. La buscaremos, no será casual (aunque eso podría ser matizado dada la “casualidad” de ciertos descubrimientos científicos).

Si nuestra inteligencia, una inteligencia natural, es la diferencia en cuanto a nuestra adaptación a casi cualquier medio o situación, sin renunciar a una coma de nuestra configuración física actual como especie, ¿Qué podrá suponer la Inteligencia Artificial?

La inteligencia artificial nos hará trascender el límite morfológico que nuestra especie se ha garantizado a través de nuestra inteligencia.

Cálculos, simulaciones, predicciones e incluso propuestas de mejora serán tratadas por inteligencias no humanas haciendo que la medicina curativa dé un salto que ya empezamos a atisbar. Pero no quedará ahí. Más que la medicina, la ciencia asistida por estas nuevas entidades de proceso y cognitivas, dará paso a la creación de nuevas herramientas tecnológicas que todavía no podemos más que soñar… y en ese campo será donde pueda darse un salto evolutivo morfológico artificial.

Parece lógico pensar que la ciencia nos ofrecerá, primero, piezas de recambio para nuestros órganos dañados o defectuosos. En paralelo, podremos saber qué es lo que fallará potencialmente en nuestro organismo para prever enfermedades o disfunciones. Y de nuevo, la ciencia aumentada con estas inteligencias repondrá preventivamente aquello que, ya con seguridad, sabremos que no nos será adecuado para vivir.

No solo vivir, sino vivir más, mejor y en entornos a los que no estamos adaptados (en este u otros planetas). Lo que ahora llamamos “weareables”, serán prehistoria pura delante de la cantidad de opciones cibernéticas que podrán configurar nuestro organismo.

Cabe considerar que la inteligencia artificial es producto de nuestra inteligencia natural, sí, pero llegará un momento, cada vez más cercano, donde estas nuevas inteligencias tengan entidad propia (no hablo de conciencia) y dejen de ser consideradas “una herramienta”, al menos dentro del rango de herramientas que actualmente consideramos.

Dejaremos de llamar “artificial” a una o diversas, seguramente muchas inteligencias, que formarán parte de nuestro día a día.

Actualmente, soluciones como Machine Learning, de Microsoft aprende de cada uno de los retos, preguntas y cálculos a los que se la somete en diversos campos.

Cada vez son más las empresas, y no solo las grandes (esto se está “democratizando”!) que usan la potencia de Machine Learning para la predicción del comportamiento de miles de indicadores económicos y de negocio. Y cada vez más, las propuestas y soluciones que ofrece Machine Learning son más ajustadas a la solución óptima ideal.

Y como digo, emulando a las inteligencias naturales, cuanto más se usa Machine Learning, más “inteligente” esta se vuelve.

Solo estamos en el amanecer de lo que ofrecerán inteligencias creadas por nosotros y que podrán superar a la nuestra en muchos ámbitos, algún día en todos. Estamos en el alba de la “nueva evolución”.

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